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Posted by on Oct 18, 2016 in América Latina, Crónicas, Todo | 1 comment

La conexión americana

La conexión americana

Caminando en los senderos infestados de mosquitos aledaños a Machu Pichu, un compañero excursionista alemán me sorprendió con la pregunta “¿sabes si los pueblos prehispánicos de México y de Perú tenían contacto entre sí?” En ese momento no supe qué responder. Le dije que me parecía lógico que así lo hubieran hecho, pero no estaba seguro.

Esta lógica se había reforzado semanas atrás cuando, caminando por las calles de Lima, llegué a ver en el lapso de un solo día lo que me parecieron ser tres perfectos ejemplares de Xoloitzcuintles, o el perro pelón mexicano. Sin embargo, como descubrí poco después al preguntarle a algunas personas y a recurrir al buscador de Google, este se trataba del perro sin pelo del Perú, que tiene ligeras diferencias del mexicano.

Siendo un gran defensor del sentido común, o lo que mis amigos suelen llamar de lógica turca, me pareció absurdo que estos dos perros de los cuales se tienen registros arqueológicos prehispánicos tanto en Perú como en México se hubiera dado por acción espontánea y simultánea y no por el choque e intercambio de ambos mundos: Mesoamérica y los Andes.

Luego me puse a investigar un poco y parece ser que la tecnología marítima existente en la época precolombina habría sido no solo suficiente para navegar los 2,400 km que separan las costas de Chiapas con el norte de Perú, sino de realizar el viaje en menos de un mes (1). De esta tecnología por lo menos se sabe lo que Bartolomé Ruiz, “el primer navegante blanco que fue más allá del Ecuador” escribió en sus cartas de relación en donde señala la existencia de embarcaciones en el norte de Perú de 25 toneladas de capacidad que utilizaban velas de algodón para desplazarse. De estos viajes largos de cabotaje se tienen indicios de los que fueron hechos desde Tehuantepec (hoy Oaxaca) hasta Nicoya (hoy Costa Rica) y los que realizaron los Incas hasta las islas Galápagos.

Pero si las investigaciones arqueo-antropológicas no son suficientes siempre estarán el pasado vivo latinoamericano, facilmente observable tanto en mercados populares como en nuestra habla cotidiana: La bebida fermentada de maíz que en Ecuador y  Perú se llama Chicha y en México se le llama Tesgüino; el hecho de que el Maíz provenga del taíno “mahis” de las islas caribeñas, al mismo tiempo en que todos en México nos volvemos quechua-hablantes cuando decimos “hazme cancha”  (de Qancha “terreno cercado” en Quechua) y cuando todos los hispanohablantes decimos “vamos a la cancha de fútbol”.

Indudablemente hay muchas objeciones que se le pueden hacer a esta hipótesis. Pero igual me gusta imaginarme a un navegante americano en los tiempos en que se adoraba al sol y la luna acompañado de un perro lampiño. Ambos viendo fijamente a un horizonte lejano pero no por eso desconocido: América.

(1) http://www.dimensionantropologica.inah.gob.mx/?p=1197

Alejandro Medina

Foto - Alejandro Medina - web

1 Comment

  1. Interesante!

    Me gusta como llegaste a la pregunta que resulto en el articulo.

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