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Posted by on Jun 26, 2016 in América Latina, Colombia, Crónicas, Nuestro desarrollo, Todo | 0 comments

El pueblo no es mendigo

El pueblo no es mendigo

 

Para llegar a la vereda Puerto Matilde primero viajamos a Barrancabermeja, la segunda ciudad más grande de Santander. Ahí nos trepamos en una camioneta y anduvimos durante más de tres horas por un camino improvisado, cubierto de piedras y de lodo, para después subirnos a una chalupa[1] y cruzar el Río Cimitarra.

En Puerto Matilde no hay luz, agua corriente o señal de teléfono.

Hay 47 casas donde viven aproximadamente 150 personas provenientes de diferentes partes de Colombia. La mayoría de ellos desplazados por la guerra.

Es parte de la zona roja, donde el conflicto y el campo conviven a diario.

A pesar de todo lo anterior, Puerto Matilde transmite seguridad, tranquilidad y familiaridad, ni bien uno llega. La vereda es limpia, hay niños jugando por todas partes, algunos habitantes se resguardan del sol, mientras otros ejercen sus funciones diarias.

Uno de los niños de la vereda Puerto Matilde que nos acompañó a la llegada

Uno de los niños de la vereda Puerto Matilde que nos acompañó a la llegada

Me parece que la clave es la organización: en Puerto Matilde se vive comunidad.

“Las organizaciones nacen porque hay necesidades”, nos dice Don Miguel Huepa, miembro de la Asociación de Campesinos del Valle del río Cimitarra (ACVC), organización que opera en Puerto Matilde.

La mayoría de los adultos de la comunidad saben de aquella necesidad que impulsó la organización. En el caso de Miguel Huepa es una lista extensa: el asesinato de su hijo por parte de militares, 16 meses de encarcelamiento sin condena, dos desplazamientos, y el constante acoso y abuso por parte de militares y paramilitares.

Durante mucho tiempo, el único vínculo de Don Miguel Huepa con el Estado era la punta de un fusil sostenida por algún militar. Mientras tanto se sometía a la voluntad de los guerrilleros y al estado de ánimo de los paramilitares. Con otros campesinos no compartía más que el dolor y el sufrimiento.

Sin una organización, sin ser parte de una comunidad, Don Miguel Huepa, como la mayoría de los habitantes de Puerto Matilde, apenas podía garantizar su vida, mucho menos desarrollarse política y económicamente.

Don Miguel Huepa, líder campesino y miembro de la Asociación de Campesinos del Valle del río Cimitarra (ACVC)

Don Miguel Huepa, líder campesino y miembro de la Asociación de Campesinos del Valle del río Cimitarra (ACVC)

Ahora han encontrado fuerza en la unión.

“Los derechos hay que exigirlos, no pedirlos, porque el pueblo no es mendigo”, nos afirma Don Miguel.

Eso han hecho. Eso y más.

Ahora, además de sus cultivos, también han creado una panadería comunal. Pero lo más impresionante es la bufalera: tienen más de 100 búfalos de los cuales obtienen leche para su consumo y para vender. Y han ido todavía más lejos: ahora han empezado a producir yogurt, arequipe y manjar blanco que venden dentro de su comunidad y en los pueblos y ciudades aledañas.

Lo que vimos en Puerto Matilde es un modelo del cual mucho podemos aprender. Pero antes de replicarlo es necesario asegurar las condiciones mínimas para que puedan prosperar; es decir, que haya paz.

Patricia cocina la fruta con la cual le dará sabor al yogurt que venden

Patricia cocina la fruta con la cual le dará sabor al yogurt que venden

En el tiempo que estuvimos ahí, cruzamos camino con guerrilleros del ELN, cosa que, según nos contaron, no era extraordinario. Los paramilitares, por su lado, ahora ocupan cargos de poder político en la ciudad, y el gobierno todavía brilla por su ausencia.

Lo que ahora vislumbra desde La Habana es apenas un logro simbólico. Ahora falta lo difícil.

[1] Tipo de canoa

Jacobo Castellanos - ecuatoriano del mundo

Jacobo Castellanos – ecuatoriano del mundo

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